>> SOL


Autoafirmación: yo soy mi propio chivo expiatorio

Para comprender los límites de uno mismo es imperativo haber trasegado a través de ellos. Y con eso me refiero a enlodarse.

A hundirse en el fango de la perturbación. Ser lo que otros deciden o desean que seamos. Luego romperse.

 

Cada hundimiento es un crisol, una fantasmagoría que dispara la mecha incendiaria de lo  que somos y lo que llegaremos a ser.

Ser un devenir, implica haberse roto muchas veces. “Para persistir hay que aceptar un nuevo nacimiento”.

 

Entre lo que fui y lo que soy media la cofradía y la comunidad que se distorsionan paulatinamente para poder permitir el surgimiento del sí mismo.

En la insaciable búsqueda, el grupo resulta incómodo, pero no deja de ser referente. Espejo de pertenencia y arraigo. Nido de afectos paradójicos y tramas simbólicas de poder.

En aquella fisura con los otros encuentro el sentido de la autoafirmación, aquella experiencia de la autovaloración que sólo puede ser estimada a partir de una economía de transacciones que desborda la seguridad o la necesidad de reconocimiento.

Invocar la voz del sí mismo, parece un acto de herejía en medio de la uniformidad de las instituciones plagadas de funcionarios públicos, recetarios de indulgencias e hipócritas uniformados.

Sacar la propia voz es tan indómito como raro. Evento inevitable cuando abanderamos el ruido de la disonancia y el desencanto. No somos más la masa domesticada, asumimos el yo. La individuación.  Y es como entablar un romance con la angustia y la sensación de náusea. Acunar un emergente cinismo que no se atreve a mostrarse en todo su esplendor.  Los otros siguen siendo el filo que afina lo mordaz en medio de la aparente trama de reciprocidades.

Ese vacío de pertenencia es un espíritu de época que evoca necesidades más profundas. Es el vacío de verdaderas solidaridades en tiempos de alienación, exacerbada racionalidad instrumental y dinero ficticio. Ya la nación, el partido y la religión no cumplen la función de albergar identidades y generar seguridades. Estamos rotos y carentes de relaciones genuinas, de sentimientos.

Sólo habitando la honestidad podemos sobrevivir al resquebrajamiento de las estructuras. Sólo en la medida en que conquistemos la pulsión violenta de lo que somos, sabremos cómo divagar en los márgenes del desencanto y la ambivalencia de un presente que nos presiona a una mayor responsabilidad.

” Vivir es estar en infracción.

A una ley o a otra ley.

No hay más alternativas:

No infringir nada es estar muerto”

Roberto JuarrozChivo expiatorio

 

 

 

 

 

 

SOL

SOL

No soy una máquina. Estoy en este mundo para descubrir mi propia alquimia existencial.

More Posts

Follow Me:
Facebook

Fecha: 9 febrero, 2016
Visitas: 936
Categorías: Historias Home,
 
Mapmakers en Facebook Mapmakers en Twitter Mapmakers en Google Plus Mapmakers en Youtube Mapmakers en Pinterest Mapmakers en Foursquare Mapmakers en Instagram Mapmakers en Linkedin
Considérate empujado