>> Karla Covarrubias


La medida del éxito

Éxito

Basta observar algunos perfiles de redes sociales para que aquello se convierta en una pasarela presuntuosa de un ilusorio y premeditado glamour que está bastante alejado de la realidad. Grandes cantidades de personas queriendo presumir viajes, posesiones y felicidad actuada, o endeudada, según sea el caso. Quiero pensar que los verdaderos mapmakers, esos que nos hemos dado a la tarea de crear caminos aún no trazados y por ende más puros y menos transitados somos un poco más sinceros. Aunque por otro lado, la sinceridad duele y trazar caminos cansa y luego, tratar de definir conceptos abstractos como el éxito, ya es una maraña bastante compleja de manejar.

Cuando me preguntan que si me considero una mujer exitosa contesto sin el menor ápice de duda que sí. No, no tengo un lujoso auto deportivo y del año en mi cochera, tampoco soy directora de una trasnacional que me dé un alto rango, una cartera prominente y un estómago destrozado a causa del estrés. Mucho menos tengo (no por el momento) una empresa propia y fructífera que me quiera comprar algún monstruo tecnológico. Seguro te estarás preguntando, ¿y aún así se siente exitosa? ¡Pues sí! ¿por qué no habría de considerarme así?

Tengo la vida que he elegido; me rodeo de gente que me interesa, me aporta, me hace crecer, me enseña y por si fuera poco, me hacen profundamente feliz; tengo el trabajo que he decido tener a pesar de lo poco común de mi profesión, tengo el tiempo para dedicarme a mis hobies y ejercerlos con entrega, alegría y pasión, viajo varias veces al año a donde me place, me alimento como vikingo en la reciente tierra conquistada, hago ejercicio y me conservo en forma a pesar de mis ya alejados veintes, cada año supero al anterior, estudio cada que algo me interesa, y mis intereses son varios y constantes; todas las semanas escribo (otra de las actividades que me hacen muy feliz), buscando aportar algo de interés al mundo; todas las noches leo, medito y agradezco a la divinidad por lo recibido, y cada una de esas noches pudiera no volver a abrir los ojos al siguiente día y a pesar de ello irme en paz y sin frustración alguna. Para mí, eso es éxito. La libertad de vivir a plenitud, de manera responsable y tocando los corazones de las personas que van a mi paso. ¿Qué si no me gustaría tener ese carro del año, ese alto puesto ejecutivo o una hermosa y enorme casa en algún lugar exótico, o tal vez vivir de mis rentas o inversiones? Pues sí, no estoy negada a los lujos ni pienso que todas las personas millonarias sean malas, deshonestas o infelices, pero si alguna de esas cosas me van a quitar la libertad, la paz o la plenitud de las que ahora gozo, la respuesta es ¡no!

Cada quien forma su definición de éxito conforme a sus metas y expectativas. Yo hace mucho decidí que nada vale lo suficiente como para vender mi libertad en plenitud y seguir convencida de ello y llevándolo cotidianamente ya me hace sentir exitosa. Supongo que para otros, el éxito tiene que ver con una desahogada posición económica, para otros con la pareja modelo, para otros tantos, el paquete completo, algo así como el VTP al sueño americano. Quizá soy más práctica, más desapegada o tal vez, simplemente, he decidido tener un éxito más terrenal.

Karla Covarrubias

Karla Covarrubias

Ecommerce accelerator, escritora, bailarina y hedonista que disfruta de la vida bajo los embrujos de un chai, café o la parafernalia de un buen vino.

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Fecha: 25 enero, 2016
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Categorías: Historias Home,
  • ¡Hola, Karla!

    No sabes cuánto nos vemos reflejados unos cuantos en tu descripción. Tu lista de prioridades es un ejemplo; más allá del tópico de “el dinero no da la felicidad”, como bien explicas se trata de alcanzar un equilibrio en tu vida y, sobre todo, gozar de una libertad que las ataduras económicas no te permiten tener nunca, por muy tentadora que sea la ilusión que venden desde todos los ángulos.

    Yo me encuentro en una situación similar a la tuya, y te puedo decir que, a distancia de un tiempo (tampoco demasiado) desde que decidí emprender este camino, las cuentas salen, incluso en el plano económico. Así que sigue tu camino, de la forma que quieras y con la gente que tú quieras.
    Siempre me digo a mí mismo que, salga como salga este loco experimento, en el peor de los casos (volver con el rabo entre las piernas) el camino habrá merecido la pena. Aunque, a tenor de cómo está yendo todo (tanto el mundo allá afuera como mi mundillo aquí dentro), dudo que tenga que volver a una vida sin libertad.

    Un abrazo,

    Carlos (Prismalize)

 
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