>> Raul Jimenez


La tortuga boba

Cuando estoy cerca de mis sueños siento ganas de llorar, emoción, lágrimas, alegría.

Se abre un abismo de miedo y de felicidad, siempre unidas.

Estoy en el mismo sitio, deseando recuperar, reconstruirme y llegar a ser lo que quiero ser. ¿Recuperar la infancia?. ¿Perdonar?. Realmente va siendo hora.

Como mi protagonista, vivo sólo, pequeño, en ese inmenso océano que me protege huyendo de los peligros de la tierra. Difícil imaginar qué me pasará viajando, volando por el agua, de noche, de día, al vaivén de las olas.

No recuerdo lo que pasaba por mi cabeza, qué me impulsaba, qué instinto me empujaba a seguir ni por qué.

Parece que nací sin el deseo de la tierra y sólo con ansia del mar.  Siempre había una fuerza que me empujaba hacia él. O nací con la carga de la libertad cuyo peso no pude soportar.

Me fui encontrando con otros que empezaron antes, que llevaban años de camino con instintos distintos en su forma pero iguales en el fondo; entonces no los comprendía. Pero algo sí que intuía al seguir sin descanso: en el viaje encontraría las razones, los motivos que irían provocando mis cambios, la emergencia de mi mundo al mar abierto que lo desafiaba todo. Todo me decía que sólo unos pocos vivirían; entonces si sabía que iba a morir, no me importaba que me arrancaran un brazo, dejar mi pasado, mi proyecto de tantos años alejado del mar y de lo que creía que era mi destino. Aquella extremidad amputada que previamente parecía desearlo. Aquel mar siempre retumbaba al fondo y me llamaba.

Pienso que ahora estoy muriendo y quizás la épica que me falta reside en que las proporciones, la realidad consciente, la cultura, lo que nos enseñan, todo, puede darse la vuelta. Quedarme en el nido de espaldas al mar, sería revertir la estadística: moriré si me quedo.

El enorme instinto que permite esta odisea es posible por mis antepasados, millones de años, de acontecimientos que se repiten pero que no son nada frente a la infinitud del espacio y la incomprensión absoluta de por qué estamos aquí. La epopeya de mi vida comienza en el prodigioso instante en el que tras años de vida y miles de kilómetros recorridos, lejos de toda referencia, decido hacer el camino de vuelta hacia donde nací y volver a empezar.

Fecha: 19 Agosto, 2013
Visitas: 2.092
Categorías: Instructivo,
Etiquetas:
  • Cuidado, los sueños se han realidad y luego los que vienen detrás, excelente.

  • Maite Gonzalez Nogue

    Hace unos 18 años que hice mi promesa scout: compartir con quienes venían detrás lo que me habían enseñado, regalado, mostrado quienes iban por delante mía.
    3 años después, me tatué una tortuga, símbolo de mi amor por disfrutar placenteramente de la vida, de los buenos momentos. Eso no significa lento, significa a mi ritmo.

    Hoy, te leo. Y he sonreído.

    Un abrazo!

    • Raúl

      Gracias a ti, Maite. No cambies tu ritmo, no pares, sigue sonriendo. Me hace feliz hacerte sonreir. Seguimos nadando….

      Un abrazo gigante!

 
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