>> Mar Colina


Se valiente, te lo debes

Elegir un camino es descartar otros. Apostar y decir adiós son las dos caras de una misma moneda. Elegir conlleva también en ocasiones causar dolor o decepción a aquellos que nos importan…o eso nos seguimos repitiendo para así no tomar decisiones. Sí, a veces elegir cuesta, a veces cuesta sudor y lágrimas. A veces nos cuesta amistades o relaciones.  Por todo ello, hay pocas tareas más importantes que la de dominar el arte de elegir. Tomar decisiones que suponen grandes cambios, sobre todo cuando se trata sobre el rumbo que han de tomar nuestras vidas, es la mayoría de las veces una cuestión de valor. ¿Cuantos caminos equivocados pueden tomarse para eludir ciertas decisiones; cuanto tiempo persistimos en decisiones equivocadas aun sabiendo, porque en el fondo lo sabemos, que son erróneas? ¿Por qué es tan difícil conectar con uno mismo y asomarse al abismo interno (porque sí, es una gran abismo) para luego decidir, atreverse, soltar, saltar, confiar?

Cuantas veces me he enfrentado a decisiones difíciles y he deseado que otros las tomaran por mi. Eludir mi responsabilidad, mi compromiso, hacer oídos sordos al susurro de mi alma. Paralizada por el miedo, el yugo del debería y la opinión de los demás. Los demás de rostros cercanos y los demás sin rostros, jueces eternos que todo lo abarcan. Tan fantasmas que aterran…en el fondo puro humo. Oh si, cuanto he deseado a lo largo de los años que otros decidieran por mi: que me cerraran puertas, que las dejaran abiertas, que marcaran el camino y el ritmo de mi vida. Que sencillo, que cómodo, que gran mentira también… Cuanto sufrimiento de saberse peón y pasajero de la propia vida. Otros diseñan, otros conducen. Cuando uno no toma decisiones, o continua tomándolas por las razones equivocadas, uno pierde el poder de ser dueño de su propia vida. Otros, las circunstancias, nuestros miedos o el puro azar toman el cincel.

Dicen que hay que ser valiente para tomar ciertas decisiones. Y es cierto. El enemigo de la valentía no es la cobardía, sino el miedo. El miedo paraliza, anestesia, acongoja, difumina lo que un día fueron certezas y crea sombras donde un día hubo luz. Cuanta admiración por aquellos que van caminando, fieles a su esencia, con su valor y el susurro de su alma como acompañantes y recompensa. Sus vidas son batallas bien luchadas pienso, sin importar el destino final.

Valor. Necesario. Imprescindible. Ineludible si uno ha se sobrevivir con el espíritu intacto. Sin embargo, después de tanto tiempo inventando excusas, postergando, cuando uno mira su reflejo y ya apenas se reconoce….entonces además de valentía hace falta algo más: alguien que con una palabra de aliento te recuerde que puedes y debes ser valiente; alguien que te ayude a creer de nuevo en ti mismo. Que te diga no que debes de hacerlo, sino que te lo debes. A ti mismo. Y a nadie mas.

Tienes derecho a intentar ser quien quieres ser. Tienes derecho a ser tu mismo, a reinventarte y a equivocarte. Tienes derecho de comenzar nuevos caminos y retomar los que diste por perdidos. No postergues esa decisión, no busques permiso en otros o en hazañas o batallas que te son ajenas. Elige. Descarta. Actúa. Todo esta bien. Aún sintiendo el miedo, se valiente. Aun sin contar con la seguridad de saber el destino final, camina en la dirección adecuada, aquella que ilusiona a tu corazón. No es que quien no arriesga no gana; es que quien persiste en caminos equivocados esta destinado a perder, aunque lo gane todo a los ojos del mundo.

La próxima vez que en la autopista de esta vida se te presente un cambio de sentido, (y vendrá porque mira que la vida no deja de darnos guiños y oportunidades aun cuando nosotros ya hemos tirado la toalla) que no te tiemble el pulso al girar el volante si es lo que realmente deseas. De nada sirve seguir rodando a toda velocidad, si uno nació para andar descalzo sobre la  arena, surcar los mares, sobrevolar los cielos o rodearse de flores en el campo. Hay muchas formas de vivir en esta vida y vale la pena ser valiente y encontrar la propia, aunque a veces haya que dar un volantazo un tanto brusco y nos entre la congoja. Se valiente, te lo debes.

Fecha: 2 Noviembre, 2015
Visitas: 3.619
Categorías: Historias Home,
  • Hola Mar. Para mi lo más importante es “escuchar el susurro de mi alma” y seguir el camino que me indica, aunque a veces no sepa a donde me lleva.
    Muchas gracias por el post.

    • Mar Colina

      Gracias a ti Dori. A mi me pasa igual y en ello estoy. Aprendiendo a escuchar el ‘susurro’ de mi alma con mucha paciencia y confiando en que me lleve a buen puerto…aunque no llegue a vislumbrar hacia donde exactamente. Se hace camino al andar 🙂

  • Hermoso Post! Es la primera vez que te leo y me ha gustado mucho tu estilo.
    Coincido punto con cada afirmación que haces. Este post la verdad que me viene como anillo al dedo, porque en estos momentos de cambios drásticos, creo para todo el mundo, es agua fresca para el alma.
    Anoche casualmente con una amiga y socia tuvimos que dar un súper volantazo. Simplemente porque la vida lo exigía. Estuve meditando mucho anoche y sé que esto es para mucho bien. Esta mañana me encuentro con tu escrito para sumar sincronicidades.
    Así que gracias!!! Es un lindo vergel para descansar esta mañana.

    • Mar Colina

      Me alegro mucho de que el post te haya gustado Silvana y de que te veas reflejada en el. Gracias por compartir tu experiencia. Que cierto es que muchas veces los volantazos nos los impone la propia vida. Mantener una vision amplia y positiva del papel que el cambio puede producir en nuestras vidas es importante, aunque sea un proceso duro al principio y con mucha incertidumbre la mayoría de las veces. Nos toca seguir caminando, ser valientes y confiar!!!

 
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