>> María José Castañer


Sentir la felicidad es cosa de curiosear

Espera en el Hospital

No creo en la frase “la curiosidad mató al gato“, soy de las que prefieren pensar que la curiosidad me hace descubrir joyas, soles y cualquier cosa que brille e ilumina mi existencia. De hecho, me siento como una cría cada vez que me permito un poco de silencio mental y siento felicidad plena al percibir detalles que se me escapan normalmente, como la increíble gama de verdes que tiene uno de los parques cerca de casa.

¿No os gustaría volver a ser niños? la ignorante felicidad que teníamos cuando nos sentíamos protegidos por nuestros padres nos dejaba hacer locuras, experimentar cada minuto como si fuera el último. Hacedlo ahora mismo, dejad lo que estéis haciendo y mirad a vuestro alrededor, fijaos en algo y haced unas diez respiraciones lentas y pausadas intentando no pensar en nada, solo observad. Os dejo un par de minutos, voy a por un bocado y vuelvo…

Ya estoy aquí. ¿Qué habéis sentido? Algunos habréis pensado “no he podido evitar que mi mente anduviera entre los quehaceres del día“, otros habréis pensado “vaya tontería y pérdida de tiempo“, pero otros puede que hayáis experimentado un “eureka”, hayáis tenido un instante de felicidad o habéis descubierto que cerca de vosotros hay “algo que brilla” y que merece la pena prestarle atención. A esto que acabáis de hacer se le llama mindfulness y es una técnica perfecta para desarrollar la creatividad mediante el yoga y la meditación. Aviso que al principio cuesta pero tras varios intentos, es hasta divertido y engancha.

Ayer tuve un percance con mi salud. Llevo unos 3 meses con una tendinitis en el hombro derecho y me rendí al médico de cabecera cuando me dijo “debes tomar ibuprofeno y hacer unos ejercicios de rehabilitación“. El tratamiento era de 6 días y fui haciendo vida normal hasta este pasado sábado. Subí de peso repentinamente, mis piernas se convirtieron en botas y ayer al mediodía me asusté al notar una presión similar en el cuello y las manos. Mi remedio casero es hacer ejercicio así que fui al gimnasio. Cuando intenté realizar mi entrenamiento típico de 6 km de carrera en cinta y no pude pasar de andar a paso ligero casi ahogándome. Tras 30 min y una ducha me fui a urgencias.

Por suerte mis síntomas fueron remitiendo durante la espera pero 3 horas me dejaron tiempo suficiente para practicar mindfulness. Pequeños instantes de felicidad llegaban al observar y experimentar en silencio: El olor no era desagradable, de hecho a veces, pasaban personas con perfumes muy agradables; la mayoría de los sanitarios eran muy cordiales, casi maternales, sus gestos autómatas eran protectores, dulces; los espacios estaban limpios, asépticos, salvo cuando alguna puerta se entreabría y pude ver el caos de sus papeles: me “dejaban ver” su dedicación, su creatividad, su caos… montones de papeles, postits, anotaciones…; las sonrisas y voces pausadas eran tranquilizadoras; las personas de la sala de espera eran sobre todo gente de pocos recursos pero sus rostros transmitían paciencia; se formaban grupos compartiendo experiencias y pensamientos; veía estrellas, cartas de poker, nombres y lunas tatuadas; percibía los deseos de protección de quienes llevaban las pulseras como yo; sentía estar en buenas manos cuando el médico que me atendió palpaba mis tobillos o me explicaba los síntomas…

Fue estar en yoga.

Os animo a que os regaléis unos minutos de silencio cada día, a que simplemente observéis lo que os rodea sin juzgar nada, sin cuestionar ni analizar. Dejad que la curiosidad sea la que dirija vuestra atención. Aprovechad el tiempo de espera en una parada de bus, la cola en el banco, un paseo por la calle más comercial de vuestra ciudad, la lectura del periódico ante un café, poned en silencio las noticias del mediodía y escuchad, acompañad a alguien sin hablar…

Buscad la felicidad al curiosear en los detalles, volved a ser niños durante un instante y, luego, extraed conclusiones si queréis. Ya seréis de nuevo los adultos que sois siempre, pero habréis descubierto una forma de recuperar esa ignorante felicidad de la que durante un tiempo, hace muchos años, fuimos los dueños.

Namaste.

María José Castañer

María José Castañer

Gestora de proyectos de branding. Dirijo proyectos para marcas que piensan en el futuro y desean dejar un legado a la sociedad. Vegetariana y yoguini.

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Fecha: 24 Agosto, 2013
Visitas: 4.556
Categorías: Curioso, Espiritual,
  • Marta Pintado

    Muy bueno María José!! Es difícil callar la mente, pero el instante que lo consigues es mágico.
    Un saludo!

  • Escuchar a esa vocecita.

  • ¡Y tan mágico Marta! En mi caso incluso más de lo que hubiera imaginado nunca. Mi mente siempre está en ON y cuando creo estas oportunidades de verdad que toda preocupación carece de importancia…. ¡Magia de la buena! 🙂

  • enricoahrens

    Me recuerda a “Tener los ojos abiertos no significa que estés despierto.”

    Gracias por compartir.

    • Y tanto… la verdad es que —muchas veces— me temo que miramos sin observar. Nos perdemos tantas cosas que me indigna sólo pensar que yo caigo a veces también en esa dinámica. Qué poco “respiramos pausadamente”, vaya.

      Gracias por responder 😉

 
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