>> Víctor Guijosa


Tom Sawyer y sus lecciones de vida

Soy un afortunado tío de tres auténticos pilluelos que me dan lecciones de vida cada que les veo jugar, pues observo ese brillo en sus ojos y escucho sus gritos de emoción cuando por pequeños eventos como el ver la fuente rebosante de agua o cuando haces volar algún globo por los aires, son los seres más felices de la tierra y sus alrededores. Lo fantástico de todo es que solo son “pequeños eventos”. Nada de ropa nueva, nada de coches de lujo, nada de juguetes multicolores que pueden dar vueltas por el suelo al son de la cucaracha, NADA DE ESO, solo pequeños eventos.

Lo anterior me hace recordar que habiendo sido un niño que podía arreglárselas con una caja de zapatos, algunos monos de plástico y varios pedazos de madera podía pasar todo un fin de semana sumergido en las profundidades de las zonas abisales del mar capturando monstruos marinos de varias decenas de metros de largo, recuerdo que la magia terminaba hasta el domingo por la tarde donde ensimismado y apesadumbrado por la idea de tener que regresar al día siguiente por la mañana a la escuela, no me quedaba más remedio que hacerme a la idea. Odiar los domingos por la tarde por ser los predecesores de los lunes por la mañana es algo que comparto con Tom Sawyer y que seguramente compartirán también mis sobrinos en un par de años, y es que la compartimos gracias a una característica fundamental: los niños amamos jugar, amamos crear mundos extraordinarios de la nada, somos dichosos con pocas cosas y no nos gusta la escuela porque sencillamente no es lo suficientemente estimulante.

Tom fingía toda clase de dolencias que a la tía Polly ya le venían sin cuidado, yo también lo hacía, llegar a la escuela solo podía ser posible gracias a la esperanza de que saliendo de clases habría una larga y fructífera tarde de juegos hasta que había que regresar irremediablemente a casa. Encontrar en tu bolsillo algún trofeo, como un juguete ganado a otro compañero o algún talismán de la suerte que se había creído desaparecido, representaba un gozo que solo se compara con el hecho de recibir una medalla en las olimpiadas.

Hay sufrimientos, por supuesto que los hay, y se presentan en la forma de castigos y reprimendas totalmente injustas como pintar la cerca en el caso de ToTIA MOLLYm o cortar el césped en mi caso ya que somos seres incomprendidos en absoluto, somos castigados por pequeñas travesuras, las cuales, los adultos no alcanzan a comprender que son necesarias pues forman parte de alguna expedición fundamentada en salvar a la humanidad y que debido a ello nos tenemos que ausentar de casa toda la tarde. O que tenemos que tomar alguna herramienta de nuestros padres pues tiene toda la forma de armas láser con la que se puede vencer a ese monstruo lunar que acecha el vecindario. O que debemos dar caza a ese dinosaurio con dentadura descomunal que a ojos de los adultos ha tomado la forma del perro, o incluso que las paredes han de ser rayadas pues de lo contrario toda esa creatividad morirá dentro de nosotros. No, no nos comprenden.

Tenemos enemigos, desde luego que los tenemos, nuestros peores enemigos han llegado en la forma de los hermanos mayores que no comprenden nuestra necesidad de ser diferentes, Sid en el caso de Tom, Yuritzi en mi caso. Criaturas perturbadas que disfrutan de la calma de jugar en casa y que no requieren de aventuras en el bosque, de la velocidad de las carreras con coches de madera, de rodillas raspadas, de caras molidas por los golpes o manos que serían dignas de un guerrero de la era antigua.

becky tacher

No solo no comparten nuestros gustos sino que disfrutan viéndonos caer en desgracia acusándonos con los adultos en el momento más inoportuno, como cuando estamos por unirnos a nuestras huestes y zarpar hacia la aventura o cuando hemos regresado de una cruzada que nos ha dejado reducidos a polvo, magulladuras y mucha felicidad.

El amor en su forma mas pura llega a nosotros y no tememos en expresarlo, de inmediato tomamos la forma de machos cabríos y representamos escenas dantescas todo para poder atraer la atención de nuestra amada, pero luego podemos decir todo lo que sentimos sin tapujos, del drama de los amores no correspondidos somos expertos y lo disfrutamos sin sufrir más de la cuenta, al final, tantas cosas fantásticas hay en este mundo que preocuparnos y por eso sería perder el tiempo.

Hacemos amigos con mucha facilidad, y no solo son nuestros pares en la aventura, también son nuestros confidentes y rivalizan con nosotros cuando de gallardía y sed de aventura se trata. Podemos caer en desventura juntos pero nunca y por ningún motivo acusaremos al otro de haber tenido la culpa de tales hechos, somos, como decía Tom, piratas y los piratas nunca se dejan solos, nunca se abandonan y siempre están dispuestos a soñar juntos hasta alcanzar las estrellas y no bajar de ellas nunca mas.

No dejemos de ser niños, no dejemos de escribirle a ese pequeño que está dentro de nosotros, hay que recordarlo con cariño, y no dejemos que desaparezca en la profundidad de nuestros recuerdos pues es la prueba fehaciente de que alguna vez fuimos seres extraordinarios y que podemos serlo siempre.

No olvidar es la forma de no dejar de ser.

Víctor Guijosa

Otro soñador que se abandono a los impulsos del corazón y gracias a eso, ahora es feliz con lo que hace y lo que esta por hacer. . .

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Fecha: 2 Junio, 2014
Visitas: 3.659
Categorías: Estilo de vida,
 
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