>> Delfina Garcia Pastor


Un buen equipo

Camino

Fue hace diez años, en 2004, justamente cuando en un día de finales de marzo paseando por el río te lo dije. “Me voy a hacer el camino de Santiago. Dentro de unos días acaba mi contrato y aprovecharé que no tengo trabajo y tengo tiempo para hacerlo”. Tu me contestaste “¿Que dices? ¿Estás loca?. ¡¡Si yo trabajo!!. ¿Cuando piensas irte?”. Intenté tranquilizarte diciéndote que podía ir sola porque era una experiencia que mucha gente hace y que el camino siempre estaba muy concurrido. Por entonces ya vivíamos juntos pero yo continuaba acostumbrada a ir a mi aire y hacer las cosas sin consultar demasiado a nadie. Viendo que no me convencerías de lo contrario me dijiste que tú habías hecho los cien últimos kilómetros unos años antes con tus amigos y que vosotros que estabais acostumbrados a hacer deporte lo habíais hecho en 4 días. Yo no estaba nada acostumbrada al ejercicio y pensé que necesitaría más tiempo. Al menos una semana. Al día siguiente me confirmaste que en la empresa habían accedido a concederte una semana de Vacaciones en Abril y que iríamos juntos. Me informé de todo. Del peso aconsejado de las mochilas, los albergues públicos y privados, itinerarios, etapas, cuestiones de interés y lo recopilé todo en una carpetita. Iríamos en tren hasta Sarria y volveríamos en avión, lo haríamos en 5 etapas y dos días para disfrutar en Santiago

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antes de volver. Estábamos contentísimos los dos y convencidos de que sería una experiencia positiva e inolvidable para nosotros donde íbamos a poder conocernos mucho mejor y disfrutar de un hermoso paisaje al mismo tiempo mientras andábamos. Pero ya en la primera etapa nos encontramos con las dificultades. Yo iba demasiado despacio para ti. Tú me recordabas todo el rato que era importante llegar al albergue público a tiempo para encontrar sitio. Así que yo me esforcé y así conseguimos ajustar los tiempos adecuadamente durante las dos primeras etapas. Sin embargo, al final de la segunda etapa me empezó a molestar la rodilla. Así que convenimos que la siguiente etapa andaríamos tan sólo 17 kilómetros e iríamos más despacio aunque tuviéramos que ampliar las etapas un día más y estar un día menos en Santiago. El tercer día la etapa transcurría por un bosque precioso. Aunque era la primera semana del mes de abril parecía junio. El sol brillaba por entre los árboles y la mañana en el campo lucia preciosa. No había muchos peregrinos pero los pocos que había nos adelantaban saludándonos y se paraban a preguntar qué me pasaba. Un grupo de jóvenes seminaristas de Andalucía. Tres prejubilados de Madrid. Unos señores muy muy mayores de Francia. Un señor belga de 85 años. Una madre sevillana con su hija de 11 años. Un señor Escocés de 70. Entonces pareció que no te importaba tanto que fuéramos lentos y empecé a notar que te lo estabas pasando fenomenal aunque todos nos estuvieran adelantando. Toda la etapa la hice cojeando pero como hablaba con unos y con otros no pensaba mucho en el dolor. Sin embargo, poco después del mediodía me di cuenta de que no podía ni siquiera con los diecisiete kilómetros. Nos tuvimos que parar. Me senté en una piedra y me puse a llorar desconsoladamente. Me dolía mucho la rodilla y aún me quedaban 3 o 4 kilómetros y unos 40 para llegar a Santiago. Allí estábamos yo, la loca y su novio. Empecé a preguntarme cómo se me había ocurrido semejante tontería y qué hacia yo a las 4 de la tarde sin poder moverme, en medio de un bosque, a miles de kilómetros de mi casa, con lo poco que me gustan a mi los bichos y que se iba a hacer de noche en unas horas y empezarían a aullar los lobos. Entonces tú te acercaste con cara de despreocupación y me preguntaste por mi guía de albergues. Descubrimos que en apenas un kilómetro había uno privado de unas 15 plazas y me dijiste que no me preocupara que dormiríamos allí y que para que no me pusiera peor tú llevarías mi mochila. “¿Qué dices? ¿Estás loco?- contesté- ¡¡Son 14 kilos en total!!”. “Está bien” me dijiste. Será solo un kilómetro y yo estoy acostumbrado a hacer ejercicio y soy joven. No me quedaba otra alternativa ¿no?. En el precioso albergue en el que nos acogieron maravillosamente coincidimos en la habitación con un señor que hacía el camino con unos amigos y que se interesó por mi cojera. Me obligó a guardarle el secreto al confesarme que era traumatólogo y se ofreció a examinar mi pierna. Me dijo que tenía una lesión en la rótula y que podría recuperarme con un tratamiento, aunque aún me quedaban muchos kilómetros hasta Santiago y lo iba a pasar muy mal. También me dijo que en el siguiente pueblo había un médico que se dedicaba exclusivamente a los peregrinos por lo que me podría ver y atender de manera más específica. A la mañana siguiente decidimos ir hasta el pueblo donde el médico nos confirmó el diagnóstico de el traumatólogo anterior. “¿Que debería hacer?” Le pregunté. Me miró y me dijo “Yo tengo que decirte que abandones y te vayas a tu casa pero si has llegado hasta aquí entiendo que quizás no me hagas caso”. Tu me miraste preguntándome que quería hacer y yo te contesté “Quiero llegar hasta el final”, a lo que tu respondiste totalmente seguro “entonces yo llevaré tu mochila”. Y así quedó la cosa. Cuando la pierna me dolía mucho tú llevabas mi mochila y cuando a mi me dolía la conciencia me la devolvías. ¡¡Para que nos vamos a engañar!! ¡¡La pierna me dolía mucho más que la conciencia!!. Así fue como llegamos hasta Santiago de Compostela un día más tarde de lo previsto. Atravesando antes una granizada espectacular en el Monte do Gozo sin poder resguardarnos y cruzándonos de nuevo al llegar con todos los que estaban allí que me miraban con cara de sorpresa al ver que habíamos llegado hasta el final. ¡¡Qué buen equipo!!. Yo me lancé, tú me seguiste y gracias a mi previsión y a tu templanza conseguimos llegar y, además, por el camino descubrimos que podíamos ser felices igualmente y conseguirlo aunque una tormenta de granizo nos cayeran encima.

Delfina Garcia Pastor

Delfina Garcia Pastor

Nací en Alcoy. Solo estuve alli un mes cosa de mis padres y el amor por su pueblo. Mi infancia hasta los 11 años transcurrió en Madrid, edad en la que vinimos a Valencia donde sigo residiendo. Estudié Psicología. He trabajado como psicóloga, orientadora laboral y formadora. Hace 8 años tuve una niña y desde entonces aprendí a hacer muchas más cosas nuevas que en toda mi vida profesional. Hago lo que puedo con lo que tengo. No tengo mucho pero lo aprovecho bien. De 2013 a 2015 estuve desempleada. Me estresé, me deprimí, lo superé, cree un Blog, empecé a escribir artículos y a publicar poesías. También decidí dedicar mi un poco de mi tiempo a ayudar a algunas personas desde dos asociaciones sin ánimo de lucro. En esos dos años aprendí que mis circunstancias eran inestables pero mis valores eran firmes. Que somos lo que hacemos y cómo lo hacemos aunque no nos paguen por ello o no se valore. En 2015 empecé a trabajar de nuevo. Ahora trabajo en administración de una residencia de personas mayores dependientes y está siendo un gran reto. Básicamente mi trabajo es detectar necesidades y gestionar soluciones, además de tratar con proveedores, tramitar facturas, hacer escritos y atender las cuestiones de las personas que trabajan allí junto con el Director. Siento la vida en estereo y atodo volumen. Si pasa una mosca y está triste la oigo llorar. Me molesta el ruido. Me gusta nadar. Me gusta el agua. Estoy en constante proceso de aprendizaje y mejora. Me gusta el cambio. Aprender cosas nuevas. Soy diferente ... como todos pero se nota más porque no me preocupo en esconderlo. Siempre que me creo derrotada me doy cuenta de que me estoy tirando un farol. La vida es más grande de lo que puedas imaginar. Tu y yo, nosotros, todo. Somos un organismo llamado universo. Y la magia existe, se llama AMOR. Al final solo queda eso. AMOR. Piensalo. O mejor. Hazlo.

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Fecha: 13 Mayo, 2014
Visitas: 3.247
Categorías: Espiritual, Superación,
  • El Camino de Santiago es algo que recomiendo siempre para concerse. Es increible la capacidad de la mente que nos ayuda a superar retos que parecían imposibles… yo estoy realmente encantado de haberlo hecho y el día que pueda, volverlo a hacer.

    • A mi también me encantaría volverlo a hacer y ese día llegará. Gracias Jose

  • enricoahrens

    Una historia preciosa, gracias por compartirla.

  • Carmina

    Delfi, qué momento!!!! 🙂
    Me encanta la naturalidad con que la vida entreteje los momentos, los instantes y las experiencias.
    Gracias por compartir un pedacito de la vuestra.

    • Si. Que momento ¿Verdad?. Me encanta compartirlo y más contigo, como siempre. Solo te digo una cosa más guapa. ¡¡Hay que llegar a Santiago como sea!!. Te quiero guapa ya lo sabes tu, pero que lo sepa el planeta. Un abrazo.

      • Carmina

        Guapaaaa!!! Que yo también te quiero muchísimo 🙂 Besitos fuertes 🙂

  • DetrasDelMapamundi Mamamundi

    Hola Delfina, que entrada tan buena, y que casualidad verte aquí.
    Me ha gustado mucho que cuentes como unas felices expectativas pueden convertirse en una experiencia totalmente diferente de lo que teníamos pensado.
    Yo siempre he tenido en mente hacer el Camino de Santiago, pero con mis hijos, pero visto, lo visto, ufffff, me has hecho pensar.
    Si a uno de ellos le surgiera una seria dificultad ¿que haría una como madre?
    Aconsejar que se retiren, o apoyarlos para superar el escollo.
    Menudo dilema.
    Quizás sea mejor hacerlo sola, debe ser muy enriquecedor también. No me importaría en absoluto.

    • Hola de nuevo Guapa!!
      No me acuerdo de las edades de tus hijos.
      Hay muchas familias que hacen el camino todos juntos. si los niños son pequeños son prudentes y acortan las etapas.
      Los niños se pasan todo el día saltando y corriendo, están más entrenados que los ironman, pero un incidente puede surgir en cualquier momento y es cosa del padre o madre valorar si continuar o no.
      Yo sabia que me recuperaría. Si me hubieran dicho que no iba a poder andar más igual me lo hubiera pensado. Eso sí, coja estaba bastante y me dolia mucho.
      Para mi fue una experiencia maravillosa y aprendi un montón. Sobretodo aprendi que soy más fuerte de lo que pensaba y que la persona con la que iba era mejor de lo que imaginaba.

  • marta

    Bravo Delfina y bravo Fernando! Formais un gran equipo!!

    • Gracias por tu comentario y tu apreciación Marta. Un saludo.

 
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