>> Ricardo Pabon Garcia


¿Qué haces cuando te cruzas a una persona corriendo?

Dos personas están realizando una carrera de entrenamiento por una zona de deporte de Sevilla:

– “¿Has visto a ese tipo que se nos ha quedado mirando?

– “Sí, pero estoy seguro que es incapaz de aguantar con ese ritmo todo el tiempo que llevamos”

– “Seguro, nosotros hemos hecho un tiempazo y aún podemos apretar más

Escucho esto mientras me los cruzo andando porque la lesión del tobillo aún no me permite ejercitarme bien. El primer sentimiento que me produce ese dialogo es de desprecio, pasando a compresión de su inferioridad para llegar a indiferencia.

¿Qué lleva a unas personas que están realizando un ejercicio deportivo menos preciar a otra persona en la misma situación? La maldita competición. Hasta en un entorno libre, natural y realizando algo tan básico como es correr tiene que existir esa predisposición a evaluar al “contrario”, encontrar sus puntos débiles y machacarlos.

Quizás la persona que se encontraron simplemente se quedó mirándolos para chequear qué zapatillas estaban utilizando, la forma de la pisada, la frecuencia de respiración…. O vete a saber.

Repasando a esas dos personas con esa actitud tan negativa y que expulsaban por sus poros un odio muy rancio se evidenciaba claramente que era la manera que tenían ellos de liberarse de la carga que puedan haber otras personas que hagan mejor algo que ellos también hacen.  Maldita actitud moderna…

Correr es la expresión más primitiva del ser humano para desplazarse, liberarse o sentirse físicamente bien con uno mismo. No sería nada descabellado que toda la sociedad nos moviéramos corriendo, porque estamos genéticamente preparados para ello,  pero nos ha tocado vivir en la era de la comodidad, en la que físicamente cada vez somos más débiles y abocamos a nuestro cuerpo a una vida sedentaria y mal alimentada.

Si tomáramos la actividad de correr de esa manera, sería lógico que las personas cuando se cruzasen se saludaran, preguntaran como iban y/o si necesitan algo… Claro que para eso quizás ayudaría que no se llevara calzando unas Asics de 180 €, una Nike Fuel Band de 120 €,  Runtastic Pro en el iPhone y/o escuchando el última Playlist de motivación para correr. La combinación de consumismo, competición y exhibición se materializa con gagdets con una utilidad real cuestionable, compartir toda nuestra actividad en redes sociales y compararnos con otras personas para llegar a ser mejores que ellas.

Llegados a este punto, yo no compro. No me siento cómodo y sobre todo, no quiero vivir guiado por intereses para llegar a la confrontación continua.

Me encanta seguir a personas, sobre todo por Instagram o Facebook, que se superan día a día, que hagan cosas increíbles y a nivel deportivo realicen gestas para muchos impensables. Pero hay que tener mucho cuidado con los referentes que seleccionas para tener un espejo donde mirarte cuando te encuentras un poco perdido. Cuando una de estas personas acaba entregando su vida y su recorrido a diferentes marcas para su explotación toda admiración que pudiera guardar se ve reducida y finaliza en el limbo de personas increíblemente… comerciales.

Las personas con un mensaje humilde, reflexivo, que se cuestiona pautas marcadas y trabajan por evolucionar a una sociedad más comprometida y colaborativa no interesan, no comulgan con el mensaje de grandes marcas y por lo tanto es altamente complicado que lleguen a la primera línea. Un ejemplo personal es mi gran amigo Kiko Martínez. Kiko está abocado a ser uno de los mejores quiromasajistas que yo vaya a conocer en vida, las sesiones de recuperación con él son increíbles y las de Reiki, punto y aparte. Pero, ¿qué sucede si trabajamos solo el cuerpo y dejamos “el alma” al margen, o viceversa? Estamos incompletos, cojeamos. Los deportistas legendarios son aquellos que consiguen un equilibrio perfecto, no serán lo mejores a lo mejor, pero sí eran diferentes.

Los monjes tibetanos al igual que realizaban sesiones eternas de meditación y estudio, llegaban a realizar desplazamientos impensables. Las personas que disfrutan con su vida suelen ser aquellas que están en ese punto… No es cuestión de cuerpo –  mente, sino físico – alma. Sería burdo llegar a la siguiente conclusión: alma -> espíritu -> religión -> católico -> cristiano -> iglesia. Nada que ver con ello, el alma se llega a componer de otras variantes: personas de tu alrededor, personas que te cruzas, personas que te relacionas por redes sociales, personas que no conocer pero ves por TV, la ciudad en a que vives, naturaleza, la playa a la que te escapas, los animales que te gustan, las sensaciones al realizar deporte, los libros que te has leído, una buena conversación, el sabor de tu plato favorito, el agua fresca, el aire puro de la montaña y el contaminado de la ciudad, tus deseos y tus miedos…. Caer en la tentación de relacionar alma con religión sería tan vulgar que habría que mirarse hacia uno mismo y realizarse algunas preguntas:

¿Qué me hace feliz en el día a día? ¿Qué he hecho bien en los últimos años? ¿Cuándo fue la ultima vez que salí a comer con los amigos y disfrutar de una buena conversación? ¿Cuándo fue la ultima vez que sorprendiste a tu pareja? ¿La última vez que dijiste te quiero a tus padres? ¿La última vez que te sentaste con tus abuelos para seguir aprendiendo de ellos? ¿Has ayudado a personas necesitadas sin esperar nada a cambio? ¿En vez de decirle a un africano que está en un semáforo que no estás interesado le has preguntado cómo se llama y de donde viene? ¿Has donado sangre? ¿Eres donante de médula?

La vida puede ser tan simple, completa, fácil, complicada, competitiva o colaboradora como nosotros queramos que llega a ser.

Kiko lo sabe perfectamente y trabaja día a día en conseguir una vida completa, fácil, colaboradora. ¿Cómo lo hace? No realiza grandes puestas en escena, no es su estilo, no le interesa el protagonismo, nunca lo ha buscado, él es más de equipo o comunidad, que está más de moda. Él trabaja con su ejemplo, no tiene que convencer a nadie de nada pero con su ejemplo ya hace más que con cualquier viral. ¿Conoces a alguien que te de un abrazo en el momento más adecuado si pedirlo porque se ha dado cuenta? ¿Conoces a alguien que te deje un mensaje de motivación en cualquier momento o ponga en común contigo alguna noticia de despropósito de actualidad, no con la intención de despotricar de un partido político u otro sino para encontrar puntos a solucionar?. Kiko tiene “un lema” que es: “la vida es otra cosa”; y ahora que cada uno haga su propia interpretación.

Al final me di cuenta de algo, las dos personas que me crucé corriendo y criticando a otro corredor cojeaban, estaban colorados, enojados (mientras miraban la media min/km en el iPhone). No se les veía felices y parecían que no estaban disfrutando con el ejercicio, simplemente se habían fijado una distancia y la tenían que completar.

Kiko suele decir que lo importante no es la meta sino el camino; poder ser consciente de cada paso, los elementos que te rodean, disfrutar con ello y contigo mismo. El objetivo es…. en realidad no hay objetivo. Como decía el anuncio, simplemente hazlo.

@RicardoPabon

(foto Creative Commons by Alexandre Dulaunoy)

Ricardo Pabon Garcia

Ricardo Pabon Garcia

Prefiero ver las cosas con perspectivas y con visión, quizás por eso he elegido rodearme de gente mejor que yo y no esperar al cambio, sino crearlo.

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Fecha: 7 Septiembre, 2013
Visitas: 3.691
Categorías: Deporte, Superación,
  • JaviRM

    Inspirador sin ninguna duda.

    • Guest

      Muchas gracias @72c0d8812144c57cc2fdb8c25a865758:disqus !!

    • Ricardo Pabon

      Muchas gracias Javi!!

  • Un post diferente, fresco y bueno para leer.

  • Andoni

    Hola Ricardo!
    Me suele gustar saludar a las personas que me cruzo corriendo, aunque pocos contestan….lo sigo haciendo. Algún amigo que viene conmigo me suele decir… lo conoces? le digo no…pero tenemos algo en común…además las personas que contestan lo suelen hacer normalmente con una sonrisa que no tiene precio.
    Buen post! te animo a seguir escribiendo!

 
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